BLOGGER TEMPLATES AND TWITTER BACKGROUNDS

martes, 14 de junio de 2011

torciendo una idea

Hacía un rato que él estaba despierto y no hacía más que mirar la nuca de ella, todavía extraña. Intentaba adivinarla en gestos de placer, de dolor de placer. Desconfiaba de si ella realmente dormía. Pero tanto silencio generaba una paz capaz de potenciar la imaginación del desvelado.
Habían experimentado el sexo como dos nenes sin ningún tipo de limitaciones ni pudores. Habían hablado en la oscuridad de fantasías, de cosas que no hicieron y cosas que sí.
Si bien ella todavía representaba una novedad para él, no era difícil imaginar su cara en diferentes situaciones; su cara, sus gemidos, su humedad, su calor. 
Cambiaron de rumbo los pensamientos de él, al descubrir que no podía calcular el tiempo que pasó mirando el brillo azul que le permitía adivinar su nuca, su pelo y parte de su cuello. Miró hacia abajo, y volvió a dudar de si ella realmente dormía. 
Sin pensarlo alejó sus piernas de las de ella, para mirarla más. No sabía qué tenía ganas de hacer, pero lo iba a hacer. Inspiró el olor del sexo del rato anterior, ahora dormido. Acarició tiernamente el muslo de ella, suave y con la firme intención de que siguiera dormida, hasta que él decidiera lo contrario.
Empezó casi sin tocarla, sólo uniendo el calor de su mano, al de la pierna de ella. Luego empezó a apoyarla, y pasarla suavemente. 
Ella respondió con un movimiento mínimo. Él se detuvo. Segundos después empezó de nuevo, más suave, y se permitió llegar a más. Acarició también su abdomen, debajo de sus pechos; sus muslos de nuevo, sin tener en cuenta sus mínimas respuestas desde el sueño. 
Ella inmóvil, fue abrazada. Él volvió a separar su parte inferior para deslizar su mano entre ambos. Con un dedo acarició muy suavemente sus muslos. Se animó a entrar más entre esos dos mazos de calor… corriendo parte del elástico de su prenda íntima e interior… siempre con un dedo. Se sorprendió del calor que emanaba su piel, aun en esos lugares. Acarició la parte de su piel más sensible por encima de la tela y no supo si el calor aumentaba, o era su sensación. Llegó a la parte más blanda de todas, y corrió lentamente el elástico de la tela, tan erótica como todo lo demás. Era una entrada abierta a otro mundo, caliente. Mojó la punta de su dedo y se lo llevó a la nariz y a la boca, para volver rápidamente a donde estaba. Estratégicamente, reinició suave la exploración, dejando el rastro húmedo de su salida a través de su dedo, que a veces eran dos.
Se sorprendió al darse cuenta de que no tenía una erección, si bien toda la situación le provocaba un alto nivel de excitación mental. A tal punto estaba excitado que el más mínimo roce que sintiera sobre las sábanas, junto con el contacto más directo con el calor de ella, le provocaban un ardor en la cara y un latido en el paladar. Como si la boca se le llenara de un agua tibia y dulce.  
Pero ella seguía inmóvil, por lo que él decidió romper el hechizo y sumergirle el dedo salvajemente en su más húmeda, caliente e interna carne. 
La erección llegó de repente, fuerte, junto con la sorpresa que le generó la facilidad con la que introdujo su torpe dedo y, aun así, ella seguía dormida. 
Decidió no seguir de forma salvaje la exploración, y así poder disfrutar de su erección y respirar el olor de ella, amplificado. Empezó a besar su cuello. 
La punta de su hombría estaba apoyada en el cuerpo de ella, como buscándola. Él se miró, se agarró, y muy suavemente, dio lugar a esa misma entrada, que ella abriría aun más, siempre desde la inconsciencia. Fue muy fácil que la punta entrara. Él se contuvo de empujar y agarró uno de sus pechos, para apretarlo suave, para acariciarlo, para seguir instruyendo a su dedo en la geografía del pezón de ella. 
Él la supo despierta, pero sin tener la consciencia para saber cuándo había despertado. Sentía que simbólicamente, su mente y su cuerpo estaban ocupados en una tarea muy forzada, pero con toda la voluntad del mundo. 
-Ay, amor- se quejó ella, y él no sabía si de dolor o de excitación. -¡Amor!- repitió mientras giraba su cuello hacia él, que se lo deseaba y lo besaba, más allá de su confusión, enojo o excitación. 
Él imaginó que ella estaba confundida, y no sabía si ponerse a gozar, o seguir durmiendo, cosa que él no permitiría. 
Él buscó su boca y ella rehusó.
-Tengo toda la boca empastada. 
Pero eso no arruinaba nada de lo que estaba pasando. Mientras él mordía cada vez más fuerte su labio inferior, arremetió el empuje hacia adentro de ella, sintiendo que todo el calor húmedo se le quedaba impregnado en la ingle. 
Decidió cambiar el sabor de la boca de ella: la mano que estaba en el pecho de ella, bajó rápidamente y se encontró con el sexo de ambos, unido. Mientras se desunieron, la mano reemplazó el trabajo que él venía haciendo. Y arqueándose, sin dejar de penetrarla con sus dedos, la obligó a abrir la boca con la presión de su miembro. A ella le costó encontrar placer de forma rápida, ya que aun tenía sus sentidos dormidos, pero pareció gustarle sentir su propio sabor en esa parte, la más íntima de él, que ya iba metiendo dos, tres… cuatro dedos, y humedeciendo su mano entera. Luego de varios pases dentro de ella y varias penetraciones a su boca, deshizo su posición, indulgente con el sopor de ella, y rápidamente se unieron los dos sexos, con otro fluido, y las dos bocas, con un sabor diferente. 

0 comentarios: